Las Viviendas de Uso Turístico han pasado de ser una modalidad alojativa en crecimiento a convertirse en uno de los asuntos que más debate generan en las ciudades. En Zaragoza, Horeca Hoteles reclama una normativa municipal específica que permita ordenar esta actividad con criterios claros, dar seguridad jurídica al sector y evitar que la expansión de la oferta irregular siga avanzando en zonas especialmente sensibles.
La organización empresarial sostiene que la capital aragonesa necesita ya un marco estable, proporcionado y técnicamente sólido para gestionar este fenómeno. Su posición no plantea prohibir la actividad, sino delimitarla con reglas concretas que permitan compatibilizar el uso turístico con la convivencia vecinal, el acceso a la vivienda y una competencia equilibrada entre operadores.
Zaragoza: más oferta, más presión
Según estimaciones del propio sector, Zaragoza supera las 800 Viviendas de Uso Turístico registradas, con alrededor de 3.000 plazas. A esa oferta legal se sumaría una bolsa de entre 200 y 290 viviendas ilegales, lo que representa más de un 30% adicional y se concentra sobre todo en el Casco Histórico, el entorno de El Tubo y la zona centro. La facturación anual potencial vinculada a esta actividad irregular podría alcanzar los 4 millones de euros solo en la capital.
Para Horeca Hoteles, el problema no se limita al volumen. La asociación advierte de que la ausencia de una ordenanza municipal específica, unida a la falta de medios eficaces de inspección y sanción, favorece la economía sumergida y dificulta una aplicación homogénea del marco autonómico. A su juicio, sin criterios municipales explícitos para el informe urbanístico preceptivo y vinculante, el sistema pierde eficacia y genera desigualdad.
Un debate que va más allá del alojamiento
La discusión sobre las VUT ya no afecta solo al sector turístico. También alcanza al equilibrio residencial de algunos barrios, al comercio de proximidad y al modelo de ciudad que Zaragoza quiere consolidar. De ahí que el debate no deba centrarse únicamente en cuántas viviendas hay, sino en dónde se implantan, cómo se controlan y bajo qué condiciones operan.
Desde el sector hotelero se insiste en que regular no es frenar el turismo, sino ordenar su crecimiento. La cuestión de fondo, sostienen, es si Zaragoza quiere anticiparse con una normativa propia o seguir reaccionando cuando la presión sea todavía mayor en las zonas más tensionadas.