Junio en Zaragoza tiene un ritmo diferente. La luz se alarga, las chaquetas empiezan a sobrar y la ciudad busca, casi por instinto, refugio al aire libre. En Farniente, esa filosofía no es un añadido, es su razón de ser. Hacer honor al dolce far niente en pleno corazón de la ciudad exige una puesta en escena impecable donde la cocina mediterránea, la coctelería de autor y el tardeo se fusionan. Charlamos con Diego para entender cómo se gestiona el oasis urbano más deseado del mes, el reto operativo de mudar el restaurante al exterior y el secreto para conseguir que, en un mundo que se mueve tan rápido, el cliente decida sentarse en su terraza a ver la vida pasar sin prisa.
Vuestro propio nombre, Farniente, evoca el placer de no hacer nada, el dolce far niente. En una sociedad que va tan rápido, ¿cómo se diseña una experiencia para que el cliente se detenga y simplemente disfrute del tiempo?
Se diseña sobre varios pilares: recibir con felicidad, con alegría; cuidar la belleza del espacio, porque la estética es importante; crear un ambiente mediterráneo; y fomentar la idea de compartir. Farniente significa, en sí mismo, hacer nada, y eso ya promueve un relajo: hacerte dueño de tu tiempo. Es un poco un carpe diem sublimado.
Con la llegada del buen tiempo, Zaragoza empieza a vivir mucho más en la calle ¿Notáis que la terraza anima al cliente a alargar la tarde y a disfrutar más de ese momento?
Sí, la terraza es para nosotros un factor clave. El aire libre, la belleza de los árboles y la naturaleza forman parte de Farniente. Con buen tiempo se nota mucho, pero queremos que incluso cuando el clima no acompaña el cliente sienta que sigue siendo un buen momento para disfrutar de la vida. Al final, lo importante es el ambiente: cuanta más gente hay compartiendo ese momento, mejor.
Para vosotros, el tardeo no parece una franja cerrada, sino una forma de alargar la comida y dejarse llevar. ¿Cómo lo entendéis en Farniente?
Nosotros el tardeo, es decir, alargar el momento de la comida, lo entendemos como parte de la propia definición de Farniente. Vienes a tomarte una caña, empiezas a hacer nada, empiezas a disfrutar, te tomas el aperitivo, luego comes algo y después continúas. Ese es nuestro tardeo. La música va in crescendo a la vez que tu disfrute, y entonces se convierte casi en un poscomida o en un previo cena.
¿Qué busca hoy el cliente cuando se sienta en una terraza: comer bien, tomar algo, compartir, desconectar… o todo a la vez?
Una terraza es un observatorio, pero también un contagiador de ánimos. Ves a alguien sonreír y sonríes; ves una planta y también sonríes porque piensas: “qué bonito”. En Farniente queremos que el cliente sea consciente de la oportunidad de disfrutar a través de los sentidos: mirar, escuchar, tocar, degustar… Nuestras copas, nuestros cubiertos, nuestros alimentos, todo forma parte de esa experiencia. Mientras tengas un sentido, la vida tiene sentido.
Hay clientes que llegan con un plan muy claro y otros que simplemente se sientan “a ver qué pasa”. ¿Diríais que Farniente está pensado para ese momento en el que uno no tiene un plan cerrado, pero acaba quedándose más de lo previsto?
Aquí se puede comer, beber, bailar y disfrutar todo el día. No tenemos una cocina con horarios ni nada. El cliente puede reservar. Pero en el resto fomentamos la improvisación. Entonces recomendamos eso: abrir la mente, abrir el corazón, juntar los dos y disfrutar en plenitud. Fluir.
Farniente no parece encajar del todo en una sola etiqueta: restaurante, terraza, coctelería, espacio de encuentro… ¿Cómo os gusta definirlo a vosotros?
Esto Google no lo tiene. Entonces unas veces ponen restaurante, otras lunch bar, otras pub… Y no somos pub. Ni somos restaurante, ni somos vermutería, ni somos nada. Establecimiento de disfrute de la vida o es la casa de un amigo. Pero la casa de un amigo vivido. Yo soy un vividor y quiero contagiar esa forma de ver la vida a todo el mundo.
Desde fuera, una terraza llena transmite una imagen relajada, casi espontánea. Pero detrás hay mucho trabajo. ¿Qué es lo más complejo de gestionar en esos momentos de tardeo y buen tiempo?
Lo más difícil de gestionar cuando quieres cuidar a los demás es el orden, la organización y la concentración del equipo.
Vuestra carta habla de bocados creativos, producto seleccionado y propuestas pensadas para disfrutar sin rigidez. ¿Qué tiene que tener un bocado Farniente para representar bien vuestra filosofía?
Un bocado tiene que tener un producto rodeado de cariño, no complejo, es decir, que lo puede hacer cualquiera, pero que en esa simplicidad está su complejidad. Conseguir algo absolutamente original y especial. Lo llamamos bocado no porque te lo comas de un bocado, sino porque cada mordisco debe hacerte cerrar los ojos, como un buen beso, y sentirlo.
Si un cliente llega un jueves por la tarde buscando desconectar por completo de la rutina, ¿qué combinación de bocado y copa le recomendaríais sí o sí?
Aquí te puedes tomar una ostra con una copita de cava o el bocado icónico como el Capo, con pan carasau, anguila ahumada, velo de guanciale, piñones y sal negra. Es un bocado que te va seduciendo poco a poco y que, con una copa de cava, una cerveza o algo con burbuja, también relaja el tiempo.
¿Cuál es vuestra gran apuesta en coctelería para esta temporada y qué sabores o matices van a marcar la barra durante este verano?
La coctelería forma parte de la experiencia Farniente. Nos gusta que cada copa tenga cariño, historia y conexión con la tierra, como ocurre con Paseo por el Ebro o Cierzo Slow. Este verano apostamos por propuestas frescas como nuestro Cuba Libre reinterpretado o La Vie en Rose, un cóctel con rosado, pomelo y granizado que recupera un sabor quizá más olvidado y lo lleva a un formato actual, ligero y muy de terraza.
Además de comer o tomar algo, Farniente también se plantea como espacio para catas, presentaciones y encuentros. ¿Qué aportan este tipo de experiencias a la personalidad del local?
Estas experiencias aportan personalidad y nos ayudan a hacer del placer una rutina. Para nosotros todo parte de cuidar, de cuidarnos para poder cuidar a los demás. Por eso cada día tiene su propio momento: los miércoles hacemos “cócteles y sueños”, los jueves catas y aperitivo mediterráneo, y los viernes afterwork con DJ y terraza. Todo responde a la misma idea: que Farniente no sea solo un lugar donde comer o beber, sino un espacio donde pasan cosas y siempre hay una excusa para disfrutar.
Si tuvierais que definir una tarde perfecta en Farniente en una imagen, ¿cuál sería?
Unos que se miran a otros sin conocerse y se sonrien y se sienten complices.