Visitar el Monasterio de Piedra y alojarse dentro de su recinto son dos experiencias diferentes. Cuando termina el horario de las excursiones, el huésped puede regresar a una habitación situada en las antiguas dependencias monásticas y seguir disfrutando de un lugar en el que conviven patrimonio, naturaleza y actividad hotelera.
Un hotel integrado en el monasterio
El Hotel Monasterio de Piedra se encuentra en el claustro nuevo, un edificio levantado en el siglo XVII junto al antiguo monasterio cisterciense de Nuévalos. En sus dependencias se distribuyen actualmente 62 habitaciones, muchas de ellas ubicadas en los espacios que antiguamente ocuparon las celdas de los monjes.
La arquitectura original continúa marcando el recorrido por el establecimiento. La entrada desde la plaza de San Martín, las galerías, los muros de piedra y la escalera monumental recuerdan que no se trata de un hotel construido para imitar un edificio histórico, sino de un alojamiento integrado en el propio conjunto.
También se conserva la antigua biblioteca de los monjes, situada en la segunda planta y utilizada actualmente como comedor auxiliar y sala de reuniones. Son elementos que permiten mantener el carácter del edificio sin renunciar a los usos actuales.
Habitaciones abiertas al entorno
Las habitaciones ofrecen diferentes perspectivas del recinto. Algunas se orientan hacia el Parque Jardín Histórico, otras hacia el claustro o la entrada monumental, y determinadas estancias cuentan con terraza exterior.
La decoración incorpora referencias aragonesas y mantiene una línea sobria, adaptada al carácter del edificio. Las vistas cambian según la ubicación de cada habitación, pero en todas ellas el entorno tiene un peso importante: jardines, patios interiores, árboles y construcciones históricas forman parte del paisaje cotidiano del huésped.
La relación entre alojamiento y naturaleza se remonta al siglo XIX. Después de que Pablo Muntadas adquiriera la propiedad en 1843, su hijo Juan Federico Muntadas impulsó la transformación de la antigua huerta en un jardín paisajista y adaptó parte de las dependencias del monasterio para recibir visitantes. Aquella iniciativa está en el origen de la actividad turística desarrollada posteriormente en el recinto.
La estancia continúa fuera de la habitación
El hotel completa su propuesta con diferentes espacios de restauración y descanso. El Restaurante Reyes de Aragón ofrece cocina vinculada al recetario nacional y aragonés, mientras que durante los meses de buen tiempo la terraza Los Castaños permite trasladar parte de la experiencia al exterior.
El establecimiento dispone además de piscina al aire libre y de un spa instalado bajo bóvedas medievales. Con más de 500 metros cuadrados, el espacio reúne circuito hidrotermal, sauna finlandesa, hammam y diferentes zonas de descanso.
Todo ello permite plantear una estancia que va más allá de la visita habitual al parque. El huésped puede recorrer las cascadas y senderos durante el día, regresar al hotel, cenar dentro del complejo y dormir en el mismo recinto monumental.
Ese es precisamente el principal atractivo del Hotel Monasterio de Piedra: la posibilidad de quedarse cuando termina la visita. La habitación no funciona únicamente como lugar de descanso, sino como una forma de conocer con más tiempo uno de los espacios históricos y naturales más reconocibles de la provincia de Zaragoza.